Un bello tìtulo, La ciudad de la Alegría: Dominique Lapierre.

 

Supongo, porque no sé ya lo que puede ser cierto o no para el resto, que uno en la vida debe tratar de hacer lo mejor posible las cosas, y con los tiempos que corren hoy en día, en realidad deberíamos vivir con la convicción de hacer el mundo un poquito mejor, comenzar con cosas sencillas, hablar más pausados, menos gritos, menos insultos , intentar sonreír un poco más , plantar una planta, enamorarse y hacer las cosas bien…

 

51_1_lapierre_1331831490Dominique Lapierre sospecho yo, comenzó su bitácora especial de un viaje fantástico como sus personajes occidentales de sus libros, un hombre perteneciente a una civilización antigua y “moderna” , como lo es la vieja Europa ,que de pronto, se ve sumido en una crisis profunda de identidad, para mitigar su desesperación, al borde de caer en la apatía , decide emprender un viaje en busca de sentido.
El dolor también viaja con nosotros y en los parajes más inusitados y bellos , abren la puerta para hallar nuevamente lo que uno nunca debe dejar de sentir: que pertenecemos a algún lugar.

En su libro La ciudad de la Alegría , (libro públicado en el año 2010) el protagonista , Max Loeb , un médico americano llega a Calcutta, La India, en busca de ese significado , es un tipo que en aquel lugar es reacio a ayudar, en el dispensario de uno de los barrios más pobres del mundo, pero poco a poco, se va involucrando con las personas del slum (barrio de chabolas), y ante tanto dolor , que por desgracia parece nunca finalizar , Max emprende  nuevamente el viaje a si mismo , comienza encontrar el camino a ser una persona completa.

En este libro aparece unas de las imágenes más poderosas y hermosas de la literatura, que solo puede ser escrito por alguien que a vivido y compartido aquellas experiencias:

“un volantín que asoma en los sucios techos de una las ciudades más miserables , izado por un niño lleno de felicidad.”

 
Una bella metáfora , de que las cosas sencillas de la vida, la que nacen de la profundidad del ser, de lo cotidiano, son las cosas que , misteriosamente, vale la pena vivir y luchar, persistir , mantener y descubrir (todas esas cosas que llegan en cualquier órden).
 
 
 

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